miércoles, 30 de octubre de 2013

MUERTE EN VIDA.

De la que voy a tomar el café paso por una centro de la tercera edad. Algo así como una residencia de ancianos. No lo tengo muy claro.

Es un bajo poco acogedor a pie de calle, donde ves a los abuelos expuestos como si fueran mercancía.

Hay tres salas contiguas, a cada cual peor. En cada una, seis o siete ancianos mirando al infinito, cada uno al suyo, en distinto plano, pues ni siquiera están colocados para que puedan mantener una conversación. Tampoco sé si lo harían.

La mayoría de ellos están sentados en sillas de ruedas, supongo que para transportarlos más fácilmente como si de bultos se tratara. Sobrecoge la escena.

Imagino la tristeza de esa pobre gente. Amanecer cada día, para acabar postrado en esa silla, expuestos en ese escaparate maligno, donde cualquiera que pasa puede verte, observarte y escudriñarte como si fueras un animalín abandonado.

Imagino también como en VIDA esos mismos abuelos  ayudaron a sus hijos, les dieron todo, los educaron en valores, los criaron como mejor supieron y pudieron , se desvivieron...

Y digo en vida, porque eso, a mi juicio, ya es la MUERTE.






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