viernes, 7 de octubre de 2011

SONRISAS DE CEBRA

Me encanta la gente que sonríe cuando la dejas pasar en un paso de cebra.
Sé que tienen prioridad, pero agradezco esa sonrisa.

Hoy de la que llegaba de trabajar, en mi coche, me encontré con dos casos:

Un niño gordito que esperaba paciente en la primera raya de la cebra y que me dedicó a su paso una sonrisa tímida ,de soslayo, que escondía agradecimiento y después, una señora con prisa vestida de gris y con unos pechos enormes, a la que no le importó aminorar su paso para cruzar esa mueca cómplice conmigo.
Los dos me miraron tranquilos, comenzaron a andar y decidieron alegrarme el día.
Sí, por qué no, yo no necesito más.

Cada día si observas,si miras a tu alrededor, descifras comportamientos reveladores y no en grandes hechos, si no en pequeños detalles.

Hay infinidad de cosas que te delatan, a ti y a los que te rodean, que para bien o para mal te definen, y que te hacen mejor o peor a la vista del prójimo.

Yo creo con fuerza en el poder de la sonrisa e intento practicarla a toda costa, todo lo que puedo, claro que a mi ese extra, me viene de serie.
No es lo mismo comprar un coche con aire acondicionado que tener que ponérselo, eso, siempre puede dar problemas.

Hay gente , por seguir con los coches, con defectos de fábrica. No sonríen ni aunque los maten, como si costara, como si fuera pecao, como si no lograras nada con ello, como si no hicieras feliz a alguien.

Sin ir más lejos,hoy, nada más que me crucé con ellos, sentí la necesidad de escribir esto.

Sé que no va a ninguna parte pero seguramente mis protagonistas ni se lo imaginan.
Eso me gusta.

Quién sabe si alguna vez esa sonrisa cómplice y desinteresada que tú cruzaste con alguien, alegró días, inspiró poemas, o cambió mundos.

Sí, incluso eso, poderoso don el de la sonrisa.