lunes, 28 de marzo de 2011

MARICUENTO PARA SOÑAR

Cada vez que el tío de María llegaba de uno de sus viajes a las Américas, le dejaba una caja llena de regalos: postales, collares, sombreros, y un montón de cosas más. Aquella mañana de domingo del mes de mayo, María se depertó con el murmullo de gente que hablaba en la cocina. La luz que entraba por la ventana le señaló el camino, y descalza entró en aquella inmensa sala de suelo blanco y negro e invadida de un aroma a laurel que flotaba en una olla que reposaba sobre la cocina de carbón. Al fondo, junto a la ventana estaba Tïo, con un traje del mismo color que la arena de la playa, con un sombrero blanco y unos enormes zapatos que casi ocupaban toda la baldosa. María corrió hacia él y se subió en sus enormes brazos, le agarró del cuello y le dio un montón de besos. 
- Pero, ¿dónde estaba mi niña?- La voz cavernosa de aquel señor tan grande retumbaba en el sensible corazón de María. 
- ¿Te has fijado en una caja que he puesto a los pies de tu cama? Corre, vete y mira lo que hay dentro.
La pequeña se escurrió entre aquellas enormes manos que la sostenían y al son de sus pisadas salió de la cocina al trote hasta que llegó a la habitación. Allí, al pie de su cama, una caja granate le aguardaba. Se acercó, se arrodilló y sus pequeñas manos abrieron la tapa:
Dentro sólo había dos cosas que iban cambiar su vida: un cuento y una diadema.


ESCRITO EN EL RECREO. ¡¡¡GRACIAS REMIS!!

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